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Gustavo Hernández Larrauri

Solo Algo Personal…Derechos Reservados Indautor

Intentos y tentativas de algo parecido al verso
 


LOS RELATOS DE UN   TIC- TAC…
 
Por: Gustavo Hernández Larrauri
 
 

Cuenta la leyenda que un viejo reloj se encontraba deteniendo el tiempo, segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora, día tras días. A veces el viejo reloj lo dejaba correr y lo veía pasar a través de su ventana, en otras tantas ese tiempo que dejaba libre por momentos se asomaba por de bajo de la puerta o salía junto al humo de su chimenea o se mezclaba con las gotas del agua que salpicaban del arroyo que pasaba por la sala de su casa. Asimismo lo olía del aroma de los guisos de cocina,  del tic-tac,  de sus molinos de los vientos, de los murmullos de sus flores, del maullido de sus gatos o del ladrido de sus perros, del color de sus sonidos o del brillo de arco iris del techo de su casa, pero sobre todo del cucú de un tic-tac, de su tic-tac. Y una y otra vez lo detenía, lo encriptaba en el sol, en la luna, en la tierra,  en la arena, en un frasco de cristal, en su carátula o entre sus agujas.

            Señala la leyenda que el viejo reloj detenía el tiempo, tiempo mismo y esto hacía en momentos de nostalgia, de tristeza, de peligro, de añoranza o de presagio o de alegría. Cuando  era de nostalgia se sentaba a la orilla de un viñedo que lo bañaba los rayos del sol y detenía al tiempo y platicaba con las uvas y  les preguntaba: Oye uva, ¿cómo es que tu ser lo conviertes en los vinos que transforma el espíritu, el cuerpo y lo sentidos? y las uvas les contestaban tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo. Cuando era de tristeza el viejo reloj caminaba sin parar por las calles en las noches bañadas del reflejo de la luna, y así caminando detenía el tiempo y le preguntaba a las calles: ¿Cuéntame tú que ves pasar a tanta gente como alivian, como soportan y trasforman sus tristezas?   Y la calle le contestó: Tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo.

            Cuando era de peligro se subía en las alas de un águila o un halcón y les preguntaba cuando se abalanzaban velozmente sobre sus presas que huían despavoridas sobre la tierra que al sentir peligro y  reflejaban en sus ojos un inmenso miedo, el reloj así volando como ráfaga entre las alas de esas aves detenía el tiempo y les preguntaba: Oye águila, oye halcón ¿Como le haces para hacer sentir, controlar,  tener y detener tu mismo los efectos del peligro, y el águila o el halcón le contestaban según sea el caso:  Tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo. Cuando sentía añoranza le daba por acercarse a la brisa del mar que la tenía guardada en un frasco de cristal y al sentir los efectos de esa brisa, detenía el tiempo y le preguntaba a la brisa ¿Dime brisa como le haces para añorar los sueños? Y la brisa le contestaba: Tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo.

            Cuando era de presagio el viejo reloj le daba por darse cuerda en el desierto y contar cada uno de los granos de arena y les decía a cada grano de arena, ¿oye arena dime tú, como le haces para presagiar cada rumbo del destino? Y cada grano de arena que conformaban el desierto les contestaban: Tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo. Cuando era de alegría le daba por escuchar sonidos, de las aves, de los cielos, de la tierra, de las gotas de agua, del correr del viento,  del movimiento de los árboles, de las flores y de todo lo escuchable que alegrara sus sentidos y a cada uno les preguntaba ¿díganme cómo le hacen sus sonidos para llenarme de alegría? Y siempre le contestaban: Tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo de ese mismo tiempo.

Por lo que el reloj se perturbaba por la misma respuesta y una y otra vez detenía el tiempo y se miraba en el espejo y tan solo veía su carátula y sus agujas tan solo deteniendo el tiempo, tan solo madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo. En esas estaba el viejo reloj recorriendo la existencia y reflexionado sobre el mismísimo tiempo cuando el Cucú, se asoma en su balcón, trinando el clásico cucú-cucú y de pronto le habla al oído al viejo reloj.- Dime tú que hablas del tiempo, dime tú que sabes del tiempo y dime tú  quien te dio la virtud y el derecho de medir el tiempo, y el viejo reloj le contesta: Qué se yo del mismo tiempo si eres tú con  tu cucú que lo cantas a su debido tiempo.- No, mi queridísimo cronómetro, yo soy un simple cucú que en su debido momento soy artífice de labrar con mis sonidos un espacio en el tiempo, pero tú y en ti recae la suerte de medir y cronometrar a la existencia de lo existente y a veces, lo inexistente, pero sobre todo, cronos se fijó en ti para medir a veces lo inmedible.

.-Lo sé, lo sé cucú de balconeo y ala fija, pero a veces quisieras que tus alas fueran libres y no atadas, sonaba el viejo reloj. Pero dime tú si pudieras desprender un segundo, un minuto o quizá una hora de tu balcón y volar en el firmamento cual natural de tu existencia y dejas volar el ave que traes dentro y cual cuco de lo aires, que de ahí tu sobrenombre de cucú, volaras a través del mismo tiempo y en ti recayera el honor y la distinción, pero sobre todo la responsabilidad de medir lo existente o inexistente de la vida, pues la vida a veces es un solo segundo y se volteas atrás o intentaras volar atrás, ese segundo ya no existiría, pero si pudieras volar, o intentaras volar hacia adelante un segundo, tan solo un segundo, pudieras planear pero el destino los surcarías segundo a segundo.

En esas estaban, dilucidando y dilucidando el viejo reloj y el cucú,  cuando se detiene la aguja, la aguja segundero y les grita.- callen, callen y no blasfemen, si el que mide los segundos soy yo y en mi poder está controlar los segundos, a veces de vida, a veces de muerte, a veces de risas, a veces de llantos, a veces de salud y a veces de enfermedad y a veces de amor y desamor, de pobrezas o riquezas. Y tu reloj crees detener y dejar correr el tiempo, y tú cucú cual ave por que lo trinas tan solo en su momento sientes que pudieras surcar los aires, segundo a segundo, no, sin mí, sin el segundero no pudieras detener o surcar en el tiempo.
.-Como crees mi eterno y fugaz y centinela contador de los segundos, si para ti la vida se te va en un segundo. Habló el minutero que se despertaba tras despertar de un letargo de sesenta fugaces pedazos del tiempo.- Sí para ti los sueños se te van en un segundo, si para ti la vida no da tan solo un segundo ya sea en el pasado o en el presente, en cambio para mi, mi tiempo son los minutos que se pueden contar con sesenta momentos, instantes de experiencias hacia al pasado o vistas para el presente, y los puedes contar no con los segundos sino con los latidos de los corazones y los lapsos que lleva los tiempos de las almas, por que a veces las vida y el alma se va en un segundo, pero en un minuto a veces basta para salvarla o para perderla, al igual que la cabeza, a veces se pierde en un segundo, pero en un minuto son sesenta segundos para reflexionar, para recapacitar o reaccionar dijo recio el minutero.- un minuto es como si las gotas de agua formaran un pequeño charco durante un minuto y así, minuto a minuto formaría y llenaría un estanque, luego un lago, hasta llenar  los mares.

A la vez, pasmado, lento pero siempre escuchando y pendiente de lo que ocurría en su entorno, dejando pasar el tiempo, cada segundo, sesenta segundos hasta llegar a tres mil seiscientos segundos, lapsos del tiempo que durante una hora que le daba el justo momento de reflexión al horero, que hora tras hora contaba el tiempo cada doce horas, cuarenta y tres mil doscientos segundos de vida que recorría cada medio día y ochenta y seis mil cuatrocientos instantes durante el día y noche de cada día, cada veinticuatro horas y así día a día durante un mes, durante un año, durante una década, durante siglos le daba el justo momento a cada hora el horero, que salió de sus letargo y les refutó al segundero y al minutero.- Que saben ustedes del tiempo si yo en cada hora formo hora tras hora a la vida y en tan solo una hora basta para que ustedes sean parte de mí tiempo, una hora basta para medirte los segundos y una hora basta para medirte los minutos, y de segundo a segundo y de a minuto a minuto, no solo se llenarían los lagos o los mares, sino la existencia, la historia, la historia de los mundos  y los recuerdos. 

.- En tan solo una hora, se pueden dejar volar los sueños, segundo a segundo y reflexionar minuto a minuto a través del tiempo, y en segundo a segundo, minuto a minuto y entre hora y hora se forma al presente, se deja correr al pasado y se forma el futuro y de ahí el dilema, el eterno dilema del como dejar ir al pasado, vivir el presente y ver y proyectar al futuro, señaló firme el horero.- Sí, pero en un segundo en tan solo un segundo a veces es fuente de inspiración,  a veces se pinta el mundo, en otras tantas se deja correr al viento y en otras tantas tan solo es un segundo. Dijo el segundo.

Y volvió a hablar el minutero.- En un minuto se construyen castillos, se construyen puentes, se derrumban los muros, se derriban castillos, se tambalean los puentes, se forman los témpanos, se caen los hielos, se prenden  los fuegos, se apagan las luces, se prenden las velas, se fortalecen los cuerpos, se debilitan los plenos, se acaban las llamas, emprenden los dragones los vuelos, reptan culebras los suelos,  las aves surcan los cielos,  los unicornios cabalgan  espacios, los colores  pintan los sueños, los bosques mueven sus esperanzas, la selvas intentan salvar sus vidas, las montañas crecen milímetros y los volcanes retumban su entraña.

Quizá, solo quizás señaló el segundero.- y recuerden que a veces solo basta un segundo para poder caerse, como para poder levantarse, y a veces basta un segundo  para empezar de nuevo, para emprender el rumbo, para emprender el vuelo, para dar un primer paso, para dejar volar los sueños, para brillar con luz propia, para montar un arco iris y para tocar la luna .- Habló una vez más el segundero,  pero también: En un segundo se te va la vida, se te acaba el tiempo, la realidad lastima, los unicornios pierden los rumbos,  a los dragones se les acaba el fuego, la magia pierde los encantos,  los segundos, golpean segundo a segundo los errores y en un segundo se desatan tempestades tan fuertes como las peores tempestades.

Y el tiempo, corría sobre su mismo tiempo entre el dilema y el entorno, entre el horero, el minutero y el segundero, hora tras hora, minuto a minuto, segundo a segundo, cuando volvió a hablar el  viejo reloj. Compañeros de los tiempos de la vida y del espacio, los he escuchado con suma atención en su debate sobre lo que hacen, lo que somos, lo que hacemos y lo que vivimos a través de nuestro tiempo y del momento prestado de la vida, y creo que aunque hay teorías de vertientes de tiempos paralelos, lo qué me ha enseñado las horas, los minutos y los segundos de existencia a través del tiempo es el ir madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo, vivir la vida con responsabilidad, empezó a narrar nuevamente en forma firme el viejo reloj.

.- Es cierto a veces uno cree saber la verdad de las cosas y nos encontramos que no es así y en otras tantas no lo sabemos pero descubrimos la verdad de las cosas poco a poco.- A veces rápido, a veces despacio, a veces fuerte o a veces débil, a veces a golpe o golpes o a veces sin ser necesario y en ese descubrimiento de la vida y del tiempo, al ir creciendo nos detenemos, avanzamos, nos caemos, nos levantamos, ganamos, perdemos, no vemos cosas que podemos ver o vemos cosas que no son o que no existen y a veces vemos cosas que nunca quisiésemos ver, unas tan sucias y bajas  pero que existen y tenemos que mirarlas sin contaminarnos y manchar nuestra  vista, pensamiento, corazón, forma de pensar y sentimientos y a veces el tiempo nos da el momento justo momento de vivir, ver, sentir cosas maravillosas e inmensamente hermosas y ver lo que no vemos, solo al ir madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo.

Al y Caminar junto a ellas dejándolas pasar o intentándolas cambiar y nunca  cerrarse por no querer ver a veces realidades dolorosas, de bajezas, pero también abrir la vista, corazón y alma para ver las alegrías, las bondades bondadosas enmarcadas a veces en sencillez, cultivando la alegría por vivir, por sentir, por amar, por amar, por amar con todo el corazón  y sobre todo intentar ver la diferencia entre ese delgado hilo de lo que es bien, lo que es mal, lo que nos daña y lo que nos beneficia al entender  la simbiosis entre estas y estos caminos y vericuetos del tiempo, contando la horas, los minutos y los segundos al ir madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo, creciendo y no dejando de crecer y de creer,  por lo que  tenemos que reflexionar  y dejar correr el sentir, el vivir,  el soñar, el pensar, el querer, el amar, el caminar bajo las horas, los minutos y los segundos, en las noches, en los días, entre lunas, entre soles y en el tiempo.

Y al proseguir con su relato el viejo reloj, manifestaba.- Alguna vez que sentí la brisa del mar la guardé en un frasco de cristal en tiempos de añoranzas, como lo señalé  anteriormente  y de vez en cuando la dejaba entrar y salir por segundos, por minutos o por horas, y cada vez que destapaba el frasco de cristal, la brisa se elevaba y  se dejaba volar como los pensamientos de antaño, las ideas y los recuerdos. A veces permanentes, a veces tan efímeros y a veces por siempre eternos pero siempre firmes surcando el firmamento, y no era necesario atraparla, sino dejar volarla como la añoranza,  pues la brisa como en los sentimientos de nostalgia, hay que añorarla pero dejar volarla, a fin de voltear a verla pero en ocasiones y dejarla, dejarla, dejarla ir y escaparse al abrir ese frasco de cristal en donde habitan quizá la añoranzas y las nostalgias, destapando el frasco de cristal para dejar volarla y junto a los segundos, los minutos y las horas volar como la brisa hacia un futuro, hacia el futuro y voltear al pasado con cierta brisa de añoranza o de nostalgia para reflexionar en los errores, pero aprender y entender de los aciertos.

En otras tantas horas, segundos y minutos el viejo reloj encriptaba  el tiempo en el  sol, en su estrella, en sus  rayos, en su brillo, en su espectro, en su brillo en las noches y en el día. A veces lo hacía por constancia, por reflejo, por sentido o por capricho  y en otras tantas con una sola intención, una pequeña intención, el del dejar vivir la vida, pues el sol es la principal fuente de energía de la vida  y al juntarse el tiempo con el sol, platicaban de su historia, sus historias, de las noches, los días y de las estaciones, cada una  con su historia, sus historias de los tiempos que encontraron sus destinos, sus momentos. Y cuando anochecía  el tiempo le decía al sol.-  Te doy doce horas  para brillar de nuevo, y el sol le contestaba.- No creas que por las noches no brillo inmensamente, me acompañan los astros y las estrellas y en las noches que no me ves, también fluye la vida en cada segundo de tu tiempo, tan solo al ir madurando a través del tiempo, tiempo mismo y de ese mismo tiempo, pero viviendo la vida plena, pero con responsabilidad.

 
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