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UNA PIEDRA EN EL COATAN

 

(TIEMPOS DE ESPERANZA)

 

 

Por: Gustavo Hernández Larrauri

 

 

 

MUCHAS DE LAS VECES LA ADVERSIDAD HACE QUE EL SER HUMANO MANIFIESTE LO MEJOR DE SI MISMO, OTRAS DE LAS VECES SOLO ACTUA POR INSTINTO, PERO EN OTRAS MAS, EL INFORTUNIO HACE QUE TENGAMOS UNA RAZON DE EXISTIR AL BUSCAR TIEMPOS DE ESPERANZA

 

 

Existió una vez  un lugar donde  la vida y el tiempo reflejaban  los años, los cuales,  pasaban de  forma casi insolente,  ahí están, ahí se quedan, el tiempo es inmisericorde con el mismo tiempo, no sabemos a donde vamos, quizás la vertiente de la vida tome rumbos diferentes, no lo sabemos, hasta cuando estamos ahí, cuando empezamos, revivimos o volvemos a vivir.

 

El turno es el momento, muchas de las veces se nos va la vida planeando o configurando formas de existir para darnos cuenta qué, en la vida misma no existen planes, mucho menos configuraciones,  que vivimos y volvemos a vivir, lo inmenso o lo pequeño aún no lo sabemos, tal vez nunca lo sepamos, lo importante es vivirlo y volverlo a vivir, con errores y aciertos, renacemos y volvemos a renacer, no importa, lo importante es vivir y volver a vivir.

 

 

 

EL FRIO DE LA MADRUGADA

 

 

 

Era un día de invierno, de un inmenso frío, de una forma  casi intolerante, no se soportaba, eran de esos días grises que se preferiría no salir.  El lugar no importa, un lugar  donde se encontraba un ser cualquiera,  un ser  perdido en la inmensidad, el cual se llamaba Anselmo.

 

Un lugar como cualquier otro, donde los sueños se dejan volar y vagan de un lado a otro, son sueños sin atrapar, ahí están solo hay que desearlos, tocarlos y alcanzarlos.

 

 Era un especie de valle  arbolado, repleto de pinos, montañas que lo resguardaban, como queriendo proteger esos sueños para no dejarlos salir, aunque se elevaran muy alto, era una especie de alucinación, donde se mezclaban la realidad, a veces dolorosa con la misma fantasía, pero ahí estaba, sin más ni mas, era algo tangible, como cuando las aves trinan y los vientos corren, tan cruel como el más profundo dolor jamás imaginado, y tan feliz como la mas inmensa de las alegrías, era un mundo simbiótico, entre todas la vivencias mezcladas, era solamente un mundo que rayaba entre la locura y la razón, eran espacios de vida que soñaban vivir.  

 

-Son las seis de la mañana,  se decía asimismo, Anselmo, ¿que hacer en este día gris, podría levantarme o dejar de existir? .

 

La pregunta se la hacía una y otra vez, su mente daba vuelcos en sus propios pensamientos, se enredaba en su mente tratando de volver el tiempo atrás, ya no importaba, cual lo laceraba más, si el interno o el externo. Tiempos atrás, fueron  días soleados, llenos de esperanza, su vida dio un vuelco después de aquel terrible Huracán, el “Stan”.

 

-Como no he de olvidarlo, tan terrible como Satán, se decía  así mismo, me despedace las piernas, al tratar de cruzarlo al querer rescatar a mi familia y recuperar mis humildes pertenencias.

 

Sólo logre perderlas y perderlas, mi familia, mis piernas, los brazos y mi alma, los brazos se fracturaron al quererme aferrar a un tronco que se impacto contra una piedra, si no fuera porque el coatán me aventó a la orilla y la gente me ayudó, hubiera muerto, tal véz sería lo mejor después de este terrible dolor, que más dá, quizá ni el Coatán se apiado de mi. Hoy estoy lejos de mi tierra tratando de recuperarme sin poder mirar atrás.   

 

Circunstancia en que perdió sus extremidades, ambas piernas y brazos, pero no su capacidad de luchar por un tiempo, capacidad hoy mermada al  no poder superar algo inmensamente mayor a él.

 

-Levántate y lucha, no te des por vencido, se que es difícil, pero está en tí el poder salir avante de este trance, lucha por lo que amas, por tí mismo, no te des por vencido, aférrate a vivir, creo que estas aquí para hacer algo grande, tu misión en este mundo terrenal aún no termina, levántate, abraza y camina hacia el destino.   

 

            Le decía una pequeña vocecilla que salía de lo más profundo de su ser, la vocecilla era de un color de voz tan bello que era radicalmente  opuesta a su gran sufrimiento, bien pudo ser un ángel pequeño, podría ser un serafín o un querubín, quizás algún ser que lo amaba y vivía en su corazón.

 

-Para que, ya llevo meses de sufrimiento, me parecen varios años, tal vez siglos de sufrimiento,  quizás una eternidad, he perdido las dos piernas y mis brazos.

 

Ya no aguanto más el dolor, sufrimiento que hoy lacera mi alma, mi cuerpo y mi espíritu, para qué quiero la vida, si solo me ha traído dolor y sufrimiento, a veces miro al cielo y maldigo el momento en que nací.

 

-No blasfemes le decía la vocecilla.

 

-No esta en ti definir el destino, muchas de la veces intentamos cambiarlo para lo que nosotros creemos y solo nos lleva a un profundo dolor, toda etapa de la vida es de aprendizaje, es parte de la esencia del vivir,  créeme, yo en vida era un pequeño niño que nací en una alcantarilla, mis padres eran “niños de la calle” que se drogaban, nací en la adversidad, intoxicado, desnutrido y sin ningún futuro, pero me adoptó un matrimonio que me llenó de felicidad, morí en pocos años debido a las deformidades en mi organismo, derivadas de las adiciones de mis padres, pero el poco tiempo que estuve en la tierra  lo llene de felicidad, a pesar de mi corta edad y sin saber por que, ni por que en mi pequeñita mente y mi grande corazón me decían, vive segundo a segundo, disfruta la vida.

 

Un ser superior a nosotros te dio una oportunidad, aprovéchala. Ya ves, hoy me encuentro aquí, volando entres sueños con una inmensa algarabía, tratando de ayudar a las personas que sufren como hoy tú sufres.

 

-¿Pero que hacer?, le preguntaba Anselmo a esa vocecilla, he tratado por todas las formas a mi alcance de entender el por que  de las cosas, y sigo sin entender, he pasado por la negación, la represión, la proyección, la ansiedad, la depresión y todas las formas que nuestra mente pueda experimentar para lo que hoy yo sufro, a veces me pregunto que habré hecho en vida o vidas anteriores para llevar esta carga en la existencia.

 

Fíjate vocecilla que he tenido sueños que no logro entender, no los puedo interpretar, podría ser sueños libertadores de sueños, quizás sueños que vuelan sin tiempo, pero también he tenido pesadillas terribles, tan terribles cual jinetes apocalípticos, tan terribles como lo mas terrible de lo temible.

 

 

 

LA TEMPESTAD

 

 

 

Era un año como pocas veces visto, por todo el mundo habían  existido Huracanes, Tifones, Tsunamis, Terremotos, etc... La tormenta Tropical “Stan”, en el Océano Atlántico se empezaba a formar, apuntaba a costas mexicanas en el “Golfo de México” ya convertida en Huracán, al paso de los días  se impacto en Tierras Veracruzanas, la descarga de agua que contenía ese fenómeno, disparó su fuerza en el sureste Mexicano, llovió por días y noches, las lluvias semejaban el diluvio, las gotas de agua se convertían en torrentes sobre las montañas Chiapanecas, no había tregua, la naturaleza no perdonaba la deforestación ni el  maltrato que  hemos hecho como especie, gota a gota, se desplomaban con fuerza inusitada sobre las partes mas altas de la orografía de Chiapas, como lágrimas del cielo que chocaban con la tierra, formaban enfurecidos torrentes que se encausaban en los ríos, buscaban salida por doquier, todos los ríos que desembocaban en las costas, rebasaron inmediatamente sus limites, los causes fueros desbordados, el agua buscaba nuevas veredas para poder llegar al mar.

 

Eran avalanchas mezcladas de agua, lodo, troncos, piedras, arrasaba con todo a su paso. Tal vez se comparaba a un profundo Ya basta¡ de la naturaleza, o al mas terrible castigo que la madre tierra le propiciaba a sus hijos que habitan en ella.

 

Al rebasar sus causes el impacto pluvial toco a las poblaciones, prácticamente todas las de la costa, soconusco y parte de las sierra chiapaneca, en pocas horas incomunicó a  varios municipios, la fuerza de los ríos derrumbo puentes, carreteras y viviendas, buscando cause dentro de las poblaciones, lo ríos retomaron rumbos distintos, llevándose a su paso a colonias enteras, no existía piedad, no había tregua, la fuerza de la lluvia arremetía una y otra vez, no permitía la ayuda a los desamparados, la gente se solidarizó, en cada rostro se reflejaba la tragedia, unos luchaban por su vidas, otros por sus animalitos, unos por sus siembras, otros por sus casas, era tiempo de caos y de crisis, pero sobre todo del reflejo del querer vivir, de aferrarse a la vida, luchando por lo que más querían en la vida, en cada rostro se reflejaba una historia diferente, pero con un solo sentido, el querer vivir.

 

Anselmo, había arropado a sus dos retoños,  niña y  niño, una de tres  y un bebe de brazos, eran su orgullo  y  el de María Cundapí, su esposa. A pesar de ser tierra caliente la humedad que generaba la lluvia de varios días, hacia más penoso el ambiente.

 

El rostro de los hijos de Anselmo, reflejaban la marginación y pobreza del pueblo Chiapaneco, de ese pueblo sumido en el olvido y la pobreza, de esa gente que solo en tiempos electoreros nuestros gobernantes se acuerdan de ellos. -No para de llover, le comentaba  Anselmo a María Cundapí, la leña está mojada y la paga que me dieron de la pizca del café en esa finca del Tacaná ya acabó, no tenemos para blanquillos, fríjol y tortillas, voy a Tapachula a la tienda de mi compadre  Juan, a ver si me fía algo de leche para los niños, un costal de azúcar, de harina, otro de fríjol y un poco de café, pero ten cuidado por que el río esta subiendo muy rápido, más rápido que en otras épocas de lluvia.

 

–“Pinche” lluvia, no se,  Tal vez debí irme al otro lado, lo hubiera intentado de nuevo, rumiaba Anselmo en sus adentros,  en esta época de “cambios y esperanza”, más pobreza hemos encontrado, en México y en Chiapas. Puras promesas y más promesas, pasan miles de “cachudos” y “catrachos” por el Suchiate en cámaras de llantas, caminan por la vía del tren, le dan su entre a las autoridades, se cuidan de la “mara”, se embarcan en lo que puedan y de ahí, directo al  otro lado, aquí cada vez se pone peor la cosa, dicen que tenemos trabajo, pero “pura madre”, cada día esta peor, debí  irme para el otro lado, otros que han tenido más suerte que yo y que se han ido, hasta “troca” traen, debí haberle tomado  la palabra otra vez a tanto “pollero” que se me ha ofrecido, por aquí abundan.

 

Anselmo, recordaba su amarga experiencia del quererse pasar al otro lado, andar desde el Coatán hasta el río bravo, lo intento una vez con una cruel experiencia, tuvo que vender su propiedad ejidal para poder pagar al pollero que contactó en Ciudad Hidalgo, el cual lo abandonó en pleno desierto de Arizona, E.U, lo asaltaron, lo golpearon, casi muere de deshidratación e inanición entre Nogales y Tucson, no le quedaron ganas de regresar, tuvo que “talachar” de “tragafuego” y limpiavidrios, para poder subsistir y tener para su regreso de Nogales, Sonora. A su comunidad a orilla del Coatán en la zona rural de Tapachula Chiapas. México.    

 

 

 

LA TRAGEDIA

 

 

 

La lluvia escurría por las montañas, de forma imparable, era un alud de agua que se abalanzaba sobre la llanura chiapaneca, sobre esas poblaciones indefensas ante la fuerza de la naturaleza, el agua no respetaba a lo que se le ponía en frente, árboles, piedras, troncos, animales, todo arrollaba  a su paso.

 

La respuesta de las autoridades ante la amenaza fue muy lenta, los rebasó fácilmente, tal parece que fué el fiel reflejo de una gris administración, con decisiones torpes y erradas, la infraestructura urbana se colapso al llegar el golpe de agua a las principales cabeceras Municipales, colonias enteras fueron abatidas, la estructura social fue vulnerada, la gente al principio no daba crédito a lo que veía, las autoridades no sabían que hacer, no había coordinación, los pueblos pedían a gritos  ayuda.

 

Al principio no encontraron eco, la adversidad y la tragedia unió al la sociedad en su conjunto en cada rostro reflejaba una historia, de ayuda entre hermanos para conservar la calma y apoyarse ante la tragedia, fue una prueba al ser humano en su conjunto, otra prueba más para el pueblo Chiapaneco. La tragedia hermanaba razones ante las sin razones, el dolor y el sufrimiento de la gente los amarraba en un pacto no escrito de solidaridad entre seres humanos, el pueblo chiapaneco se  aferraba a vivir en la tragedia, la gente pasaba por encima de la catástrofe, la fuerza de la vida los impulsaba a sobrevivir.

 

            Anselmo, ya había llegado a la cabecera Municipal de Tapachula, su familia había quedado en su comunidad kilómetros atrás, en la otra orilla del Coatán, el torrente de agua, hacía cada vez imposible cruzar el río, el puente se derrumbó.

 

Anselmo, al ver la dimensión de la tragedia, como un relámpago paso por su mente el peligro en que estaba su familia.

 

Corrió , hasta quedar, exhausto y sin aliento pero por fin pudo llegar al otro extremo de su comunidad, el Coatán lo separaba de sus familia y su humilde vivienda, la cual desaparecían ante sus ojos incrédulos, fue tal su desesperación y el agobio de perder a su seres queridos, que no midió consecuencias.

 

En un santiamén se encontró dando tumbos en las aguas turbulentas del Coatán, su cuerpo se entumecía ante el dolor de los objetos que lo golpeaban, era una marioneta, un objeto que las aguas del Coatán se tragaba, se afianzo de un tronco, pasaban por su mente recuerdos fugaces de su vida,  la  presencia  de sus padres y hermanos, recordó toda su infancia y juventud, existieron destellos de felicidad y dolor, su vista era borrosa, solo veía lodo por todas partes, no sentía sus brazos ni sus piernas, no podía respirar, se asfixiaba por momentos, daba vueltas y más vueltas, estuvo en esa situación por tiempo indefinido, rodaba entre las aguas del Coatán, volvió a desfallecer. 

 

El agobio fue cesando  ya no supo más  de sí mismo, perdió la conciencia, al parar de rodar abrió su mente, y su corazón ante la adversidad.

 

 

 

EL SUEÑO

 

             

 

            -Anselmo, no debes de flaquear le decía insistente la vocecilla, recuerda que tienes por que y por quien luchar, no te des por vencido tan fácilmente, no te venzas, aun puedes hacer algo, no flaquees, aun quedan tiempos de esperanza.

 

-¿Dónde estoy? En el soconusco, no existen árboles como estos, ni hace frío. Tapachula es tierra caliente, no reconozco ha esta tierra, solo me acuerdo que estaba  dentro de las aguas turbias del Coatán , ya no siento ningún dolor, puedo ver a mi familia a lo lejos, corriendo entre los árboles, cantando, sonriendo, felices, ¿qué fue lo que pasó, fue un sueño, creo que fue solo una pesadilla?,  no puedo moverme,   no se donde estoy. ¿dónde están mis brazos y mis piernas?.

 

La vocecilla le susurró al oído con su característica voz celestial, Anselmo, seguía sin saber de donde salía esa voz que lo animaba y la daba fuerzas para existir, tal vez era la voz de su alma o su conciencia.

 

-Ya ves, la vida da muchas vueltas y vueltas, somos seres transitables que rodamos en este mundo, hoy te tocó a ti, una vez me tocó a mi y así sucesivamente, no hay nada escrito, no existe nada determinado, tu consuelo será el que podrás disfrutar a tus seres queridos por tiempo indefinido, los verás crecer y ser felices. 

 

Tu dolor cesara, pero todo tiene su precio, a veces alto, a veces bajo, pero siempre un precio, según lo que hayamos cargado a través de nuestras vidas, lo que hayamos aportado, lo que sembramos es lo que cosechamos, tu cosechaste en igualdad de circunstancias, tanto cosas buenas como cosas malas, es justo el pago por vivir y revivir a tu familia.

 

Anselmo, levantó su vista al cielo, alturas que reflejaban cual espejo a todo el valle, por fín se logró ver plenamente, su cuerpo  inerte, moldeado en forma redonda por la fuerza de las aguas del Coatán, en su cuerpo las extremidades, brazos y piernas ya no existían,  su alma, su espíritu voló en por un valle celestial, su cuerpo, su cuerpo físico se convirtió en una roca, quedo petrificado mirando al cielo como una piedra del Coatán, una piedra cuyo símbolo de dureza, reflejaba la fortaleza del ser humano en desgracia, de ese ser humano que a pesar de la adversidad se levanta en lo más penoso de la calamidad, Anselmo, reflejaba a todos esos seres que sufrieron el embate de la fuerza natural, del “Stan”, sin echarse para atrás, fuertes como piedras del Coatán, Chiapanecos que poco a poco levantan piedra sobre piedra, tratando de edificar un nuevo destino, un nuevo rumbo de sus vidas,  rumbo que al igual que la vertiente del Coatán, tome rumbos diferentes, ramificaciones de vida, algunas con sufrimientos, otras con felicidad, pero todas derivaban  a un solo causal, el  aferrarse a vivir.

 

A veces, la misma vida, la naturaleza o el destino o como queramos llamarle, nos hace ver cual somos, tan grandes, tan pequeños, tan efímeros. A veces se nos gasta la vida en creer que somos, en creer que existimos.

 

En un solo espacio, en un solo momento nos damos cuenta que no somos nada, solo un momento deteniendo el tiempo, somos solo momentos, sufrimos, reímos, lloramos, amamos, soñamos y ganamos o perdemos según lo que creamos, tan solo para llegar a la conclusión que a veces no somos nada, que existen cosas mucho mas inmensas que nosotros mismos, unas veces dentro de nosotros y otras tantas de manera externa.

 

En esto días sufren miles de seres humanos  por todo el planeta  a costa de fenómenos sociales y por causas de la naturaleza, en México, en el sureste Mexicano y en nuestras costas, sierra y soconusco Chiapanecas. A todos los hermanos en desgracia,  nada más me queda decirles fuerza y fortaleza, está en nuestros seres superar adversidades, desde el momento mismo de la concepción, nuestra vidas se forman a base de fuerza al superar adversidades, al caminar, al crecer y hasta en el morir somos seres transitables, somos seres que superan adversidades, somos semillas de vida, somos, solamente somos, ha caminar nuevamente que es cuenta nueva.                  

 

 

 

FIN

 

 

 

Las piedras del Coatán simbolizan la fuerza y fortaleza del pueblo Chiapaneco, al edificar piedra sobre piedra una nueva vida aun en la adversidad.

 

 

 

OCTUBRE  DEL 2005

 

 

 

GUSTAVO HERNÁNDEZ LARRAURI.

 

 

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